Estrella voto igual

 

LA ESTRELLA DEL VOTO IGUAL


Alguien que murió luchando por la democracia dijo una vez: “Si quieres construir un barco, no empieces por buscar madera, cortar tablas o distribuir el trabajo. Evoca primero en los hombres y mujeres el anhelo del mar”. Tenía mucha razón.


Hay un anhelo que está ya en el corazón de una inmensa mayoría de los españoles. Es el anhelo por una democracia mejor. Todas las encuestas lo dicen: hemos perdido la confianza en nuestras instituciones, necesitamos renovarlas. Necesitamos volver a confiar en la política, porque sin esa confianza no podremos construir el futuro. Esa reconstrucción del Ágora común que nos dimos en 1978 es probablemente nuestro mayor reto colectivo: tenemos que volver a creer en nuestra democracia. Tenemos que volver a hacerla nuestra.

Todo apunta, sin embargo, a que ese anhelo va a quedar defraudado, sin esperanza alguna de poder realizarse. Tal y como están planteadas, las elecciones legislativas del próximo 26 de Junio no van a regenerar el sistema en ningún sentido, tan solo van a eternizar sus desperfectos. Los partidos podrán cambiar, pero el sistema seguirá siendo el mismo.  Y eso nos conducirá a la melancolía y al hastío.

Podemos pasar del anhelo por una democracia mejor a la construcción efectiva del barco que nos lleve a ella? Aquí se defiende una manera concreta para realizar esa travesía, se señalan las tablas y los utensilios concretos para construir la nave. Y para hacerlo ya, ahora. Es una propuesta novedosa, insólita. Lo es tanto que en un primer momento puede sorprender. Pero, pasado el primer asombro, este barco para la regeneración del sistema que aquí se ofrece tiene muchas ventajas. Muchísimas.

Es, en primer lugar, plenamente democrático: su legitimidad descansa tan solo en la posibilidad de que los ciudadanos lo respalden en las urnas.


Es, en segundo lugar y por descontado, perfectamente legal y constitucional. Promueve una reforma de la constitución desde dentro, una reforma en la que la única constricción será la voluntad de la gente, como debe ser en toda constitución democrática.  

Y es, en tercer lugar, una propuesta que – como el camino en Machado – se hace al andar. Apoyarla es apoyar la democracia. Es tanto construir el camino como alcanzar el final del mismo. Es zarpar y llegar ya a puerto en el mismo momento de hacerse a la mar. Porque es una propuesta que se apoya en un valor tan irrenunciable que ningún demócrata puede poner en duda o menoscabar: el voto igual. El voto igual – que cada voz cuente lo mismo, que nadie sea más que nadie – es un ideal tan básico que nos puede unir a todos.  Practicarlo es practicar ya la democracia, es mejorarla.

Tenemos que volver a confiar todos en la política, y para eso lo primero es básico, tan básico que acongoja descubrir que no está garantizado a estas alturas y que los ciudadanos, por encima de partidos e ideologías, tenemos que ponernos en marcha y exigirlo. El voto igual es un derecho, por eso no se nos puede arrebatar. Si unos tienen una voz más fuerte que otros, si las propias reglas del juego de la representación están manipuladas, no saldremos de esta. Lo primero es lo primero, y sin eso no habrá ni renovación, ni camino, ni esperanza. Tenemos que volver a creer. Primero los valores – primero los principios, que por algo se llaman así – y lo demás vendrá por añadidura.

Albert Camús nos enseñó que la libertad no es otra cosa que la posibilidad de ser mejores. Deberíamos recordar siempre esa hermosísima verdad, todos los días, en todos nuestros actos. También, y especialmente, en el día sagrado en el que ejercemos nuestra soberanía ante las urnas y emitimos nuestra voz. Si de veras queremos ser mejores, digámoslo alto y claro. 

Aquí y ahora zarpa un barco. Todo el mundo es bienvenido, todo el mundo cabe, todos tienen la misma voz y entre todos decidimos el rumbo. Se llama Democracia Mejor, lo guía una estrella, la estrella del voto igual.


Si quieren unirse… adelante.